Luis Mansilla, ex combatiente oriundo de la región, relata su experiencia en las islas, el difícil regreso y la importancia de mantener viva la memoria histórica.
A 44 años de la guerra de Malvinas, los testimonios de los ex combatientes continúan aportando a la comprensión de la dimensión humana del conflicto. Luis Mansilla, veterano oriundo de la región, compartió su experiencia y señaló que hablar de la guerra implica revivir momentos dolorosos. «No le deseo a nadie que vuelva a ocurrir algo así», expresó, al tiempo que reconoció sentirse conmovido por las muestras de respeto de la sociedad.
En su relato, destacó las diferencias en cómo se vivió la guerra en distintas partes del país. Según explicó, mientras en el sur —especialmente en ciudades como Comodoro Rivadavia, Río Gallegos o Ushuaia— el conflicto se sentía de forma directa, en otras regiones la vida continuaba con relativa normalidad. También remarcó que la información durante el conflicto era limitada y muchas veces sesgada, lo que generó una percepción distorsionada de lo que ocurría en el frente.
Mansilla recordó que fue convocado durante el servicio militar obligatorio y que, junto a otros jóvenes, decidió voluntariamente ir a las islas. «No éramos chicos, éramos soldados preparados», afirmó. Su rol fue en el área logística, donde se desempeñó como conductor, transportando alimentos, armamento y heridos. En ese contexto, vivió situaciones extremas que, según contó, lo marcaron para siempre.
El regreso al continente fue, según describió, uno de los momentos más difíciles. A diferencia del fervor patriótico con el que fueron despedidos, los soldados volvieron en silencio y sin reconocimiento inmediato. Además, mencionó la falta de contención estatal inicial y las dificultades para reinsertarse en la sociedad.
A pesar de ese escenario, Mansilla destacó el rol fundamental de su familia para salir adelante. Con el paso del tiempo logró reconstruir su vida y encontrar un espacio de contención junto a otros veteranos. «Hoy somos una familia malvinera», señaló, al tiempo que remarcó la importancia de mantener viva la memoria y transmitir su experiencia a las nuevas generaciones.
Finalmente, dejó un mensaje cargado de emoción y esperanza: «Nosotros somos la historia viva. Lo que contamos no está en los libros». Y concluyó con un deseo profundo: ver algún día la bandera argentina flameando nuevamente en las Islas Malvinas.
