La comercialización de carne de burro en Trelew genera opiniones encontradas. Mientras productores y el municipio la promueven como una alternativa económica, organizaciones y parte de la sociedad cuestionan el consumo de un animal tradicionalmente vinculado al trabajo y la compañía.
La aparición de carne de burro en carnicerías de Trelew ha abierto un debate que combina aspectos económicos, culturales y éticos en la provincia de Chubut.
Por un lado, el proyecto «Burros Patagones», liderado por el productor Julio Cittadini, presenta esta carne como una innovación para el sector. Con cortes que rondan los $7.500 el kilo, se la promociona como una alternativa ante la crisis de la producción ovina y las limitaciones de los suelos para la ganadería vacuna. El intendente de Trelew, Gerardo Merino, quien es veterinario, acompañó una degustación en el restaurante Don Pedro y defendió la iniciativa, destacando su potencial comercial.
Por otro lado, una parte significativa de la sociedad y organizaciones como la Fundación Libre Relincho expresan un fuerte rechazo. Argumentan que el burro ocupa un lugar histórico de compañía y trabajo en muchos hogares de Chubut, como ejemplifica la conocida imagen de Vicente Evans con su burro en el Museo Nant Fach. Para ellos, su consumo representa un «retroceso ético» y la naturalización de explotar a especies con las que se tiene un vínculo afectivo.
La discusión trasciende lo gastronómico o regulatorio —aún se espera el aval del SENASA para una expansión federal— y se instala en la definición de los límites éticos de la producción alimentaria. Mientras el proyecto planea exportar cuero a China y afianzar la carne en el mercado local, la pregunta sobre si es aceptable comercializar a un animal símbolo de la vida patagónica permanece vigente.
