Una denuncia en Santa Cruz reavivó la preocupación por grupos de WhatsApp integrados por menores donde circulan materiales violentos y sexuales. En Chubut, madres ya reportan situaciones similares.
Una denuncia en Santa Cruz volvió a poner en foco una problemática cada vez más extendida y difícil de controlar: grupos de redes sociales integrados por menores donde circulan contenidos inapropiados, situaciones de violencia digital y posibles riesgos vinculados al grooming. El caso salió a la luz en la localidad de 28 de Noviembre, donde el preceptor de una escuela, Lucas Minini, hizo pública la existencia de un grupo de WhatsApp llamado “Añadan a td el mundo”, integrado por unas 222 personas, en su mayoría chicos y adolescentes de distintas localidades de la cuenca.
“Esto no es un simple rumor de redes sociales, es algo totalmente grave”, advirtió al denunciar que fue agregado sin consentimiento y que, una vez dentro, observó contenidos que encendieron las alarmas. Según relató, en el grupo se comparten mensajes con contenido sexual, stickers inapropiados, pedidos de videos de peleas, conversaciones sobre consumo de drogas e incluso material usado para hacer escraches a compañeros y docentes.
Para el preceptor, lo preocupante es cómo en estos espacios se naturalizan conductas violentas o riesgosas entre chicos muy pequeños, algunos de apenas 12 o 13 años. Finalmente, anticipó que realizará una denuncia formal y pidió a madres, padres y tutores prestar atención a lo que ocurre en estos grupos.
La problemática no es ajena a Chubut. Según contó una mamá a ADNSUR, situaciones similares ya comenzaron a aparecer en Comodoro Rivadavia. La mujer relató que su hijo, de 11 años, le avisó que había sido incorporado a un grupo de WhatsApp en el que participaban compañeros de la escuela, pero también una gran cantidad de números desconocidos. Al revisar el grupo, advirtió esa presencia masiva de contactos que no podían identificar y decidió pedirle de inmediato a su hijo que se saliera del chat.
En Santa Cruz, incluso, hay antecedentes. En abril del año pasado, en Río Gallegos se investigó un caso similar que derivó en la intervención de Cibercrimen y del área de Niñez. Ahora, la denuncia de 28 de Noviembre vuelve a poner el foco en una pregunta que inquieta a muchas familias: qué pasa en los grupos donde están los chicos cuando los adultos no están mirando.
Frente a los riesgos que pueden enfrentar niños y adolescentes en redes sociales y grupos digitales, UNICEF comparte cinco recomendaciones clave para que madres, padres y adultos responsables puedan acompañar su vida online de manera segura:
- Establecer reglas claras: Hablar con los chicos sobre cómo usan internet, con quién se comunican y qué pueden compartir. También acordar horarios, espacios y normas para el uso de dispositivos. Enseñar que todo lo que se publica deja una huella digital y que deben evitar contenidos ofensivos, rumores o situaciones de acoso.
- Usar la tecnología para protegerlos: Mantener actualizados celulares, tablets y computadoras, revisar configuraciones de privacidad, activar controles parentales y enseñar a resguardar información personal como dirección, teléfono o contraseñas. Supervisar aplicaciones, páginas y plataformas que utilizan.
- Pasar tiempo con ellos en línea: No se trata solo de controlar, sino de acompañar. Conocer qué redes usan, qué consumen, con quién interactúan y ayudarlos a detectar desinformación, contenidos inapropiados o riesgos digitales.
- Modelar hábitos saludables en internet: Los adultos también enseñan con el ejemplo. Fomentar el respeto online, el buen trato, el uso responsable de redes y estar atentos si los chicos muestran angustia o mantienen en secreto lo que hacen en internet.
- Dejar que se diviertan y se expresen, pero con equilibrio: Internet también puede ser un espacio positivo para aprender, crear y socializar. La clave es promover un uso saludable, equilibrado con actividades fuera de pantalla y entornos seguros.
Desde UNICEF insisten en que acompañar, dialogar y construir confianza es mucho más efectivo que solo prohibir. Porque la seguridad digital de chicos y adolescentes empieza, también, en casa.
