El senador nacional por Chubut, Carlos Linares, afirmó que su entorno familiar le pide que no renueve su banca, aunque señaló que un pedido de la expresidenta Cristina Fernández de Kirchner podría revertir su decisión. Además, advirtió sobre la crisis financiera provincial y la necesidad de un proyecto justicialista con contenido.
El senador nacional por Chubut, Carlos Linares, analizó su futuro legislativo y reconoció que los pedidos de su círculo íntimo lo empujan a no buscar la renovación de su banca. Sin embargo, aclaró que no piensa alejarse de la actividad política y dejó en claro que solo un llamado podría poner en jaque sus planes familiares: el de la expresidenta Cristina Fernández de Kirchner.
El legislador explicó que su familia le reclama desde hace años que regrese a la actividad privada para dedicarse de lleno a las empresas que comparten. Tras remarcar que la política nunca fue su sustento económico y que su deseo personal apunta a dejar el Congreso, confesó que su lealtad hacia la exmandataria lo deja en un terreno de incertidumbre.
«Si Cristina levanta el teléfono y me llama, me complica la vida», admitió en diálogo con ADNSUR, al ratificar que mantienen un diálogo muy cercano y que un pedido expreso de su jefa política lo obligaría a reconsiderar su postura.
El horizonte financiero y la asfixia de Chubut
Lejos de abandonar el debate público, Linares ratificó su vocación al asegurar que le encanta la política y que seguirá trabajando activamente dentro del peronismo. Su principal preocupación hoy no pasa por los nombres propios, sino por la tremenda crisis que atraviesa la provincia.
El legislador remarcó que, recientemente, había conversado telefónicamente con el gobernador Ignacio Torres, con quien coincidió en que el territorio provincial enfrenta un panorama sumamente complejo de cara a lo que se viene.
Para el senador resulta indispensable que la dirigencia se enfoque en armar un proyecto “serio” antes de lanzar candidaturas al vacío, un gesto al que calificó como “una falta de respeto hacia la sociedad”.
Para dimensionar la gravedad del contexto recordó que a partir del año 2029 Chubut deberá afrontar compromisos asfixiantes por el pago de su deuda, obligando a las arcas públicas a desembolsar más de cien millones de dólares mensuales entre el capital y los intereses. A este panorama le sumó el impacto por la pérdida de 15 mil puestos de trabajo en Comodoro Rivadavia y los conflictos latentes con los profesionales de la salud y la policía.
Reconstrucción justicialista y la rosca oficialista
Al repasar el mapa opositor, el dirigente se mostró entusiasmado por el recambio generacional que asoma en el justicialismo y valoró el trabajo de los nuevos cuadros que recorren la provincia. En esa línea recordó un diálogo reciente con Juan Pablo Luque y elogió la gran performance del exjefe comunal en las últimas elecciones provinciales, asegurando que “si el peronismo no hubiese sufrido la división – provocada por el juego en solitario de sectores como el de Beliz y Camioneros – habrían ganado la gobernación con absoluta comodidad”.
Sobre aquella fractura electoral Linares reconoció la mano de Torres para dividir a la oposición, aunque le restó dramatismo al enmarcar esa jugada dentro de las reglas lícitas del juego. Para graficar su lectura, remarcó que en ese tipo de maniobras las responsabilidades siempre son compartidas y que la responsabilidad recae tanto en el que ofrece la división como en el que la acepta.
De cara al futuro armado electoral, el legislador consideró que al oficialismo se le hará muy difícil gestionar la crisis diaria y pensar en la reelección en simultáneo. Aunque prefirió ser cauteloso sobre un posible pacto de Fontana 50 con La Libertad Avanza, observó que Torres busca de manera constante el respaldo de dirigentes de extracción justicialista. Para fundamentar su lectura mencionó las conversaciones del gobernador con los hermanos Sastre y deslizó con picardía que, a juzgar por la conformación de su equipo, “Chubut tiene en la práctica un gobierno compuesto por peronistas”.
