La dermatóloga Carolina Baztán explicó en el noticiero de YaSabés de qué se trata esta enfermedad autoinmune y crónica que afecta el tejido conectivo y se manifiesta inicialmente en la piel, aunque también puede comprometer pulmones y riñones.
Cada 29 de junio se conmemora el Día Mundial de la Esclerodermia, con el objetivo de visibilizar esta enfermedad rara y autoinmune que provoca el endurecimiento de la piel y puede afectar órganos internos.
Para entenderla mejor, la dermatóloga Carolina Baztán explicó en detalle, en diálogo con YaSabés, sus características, síntomas y tratamientos.
“La esclerodermia se trata de una enfermedad que es autoinmune y que es crónica, que afecta una parte de nuestro cuerpo que se llama el tejido conectivo”, explicó la especialista. Y agregó: “Lo que hace es un aumento en la producción de colágeno y muchas veces se manifiesta inicialmente en la piel. ‘Esclero’ significa dureza y ‘dermia’ viene de piel, como que hay un endurecimiento de la piel. Pero no solo afecta la piel, también puede afectar otros órganos como el pulmón o el riñón, y en esas formas de la enfermedad es cuando adquiere mayor gravedad”.
“No necesariamente, pero frecuentemente comienza con la piel”, señaló Baztán al ser consultada sobre si la enfermedad siempre arranca con síntomas cutáneos. “Una manifestación bastante común es un fenómeno que se llama fenómeno de Raynaud, que afecta principalmente las extremidades, sobre todo las manos y los pies, pero a veces también las orejas o la punta de la nariz. Frente a estímulos de frío o estrés se produce una vasoconstricción extrema; se cierran los vasitos, no llega la circulación de la sangre y se ponen blancos o azules, lo que genera bastante molestia”, detalló.
La profesional remarcó la importancia de la consulta temprana: “Es muy importante que consulten a un dermatólogo o reumatólogo porque, con algunas preguntas y análisis, se puede estimar si es solo un problema circulatorio o si podríamos estar frente a una esclerodermia propiamente dicha”.
“Uno de los primeros síntomas son estos cambios de coloración en las manos. De repente vemos que un dedo se pone blanco; suele ser progresivo, al principio es un solo dedo y después son más. Aparecen las fases del blanco al rojo al azul y, cuando progresa, empieza a producir dolor y, en casos extremos, pequeñas úlceras o lesiones en las puntas de los dedos”, advirtió.
Además, indicó que “también se puede percibir un engrosamiento o endurecimiento de la piel, que se siente más rígida y pierde elasticidad. A veces disminuye la capacidad de abrir la boca o se puede abrir menos de lo normal. Esto da una forma facial descrita como ‘facies de ave’ o de pájaro, porque la nariz queda más afinada, la piel más pegadita y la boca más chiquita”.
Baztán precisó que “es mucho más frecuente en mujeres entre los 30 y 50 años” y que “otros síntomas pueden ser cansancio, dolores articulares y dificultad para tragar”.
“Hay muchas variables. Algunas solo afectan la piel, lo cual es más llevadero con cuidados contra el frío, como el uso de guantes y abrigo adecuado”, afirmó. Y añadió: “También hay tratamientos médicos para casos con compromiso pulmonar, que es lo que le da más gravedad a la enfermedad al generar una fibrosis pulmonar que reduce la capacidad respiratoria. Detectados a tiempo, hay muchos tratamientos para que el paciente esté bien y lleve una vida normal”.
Consultada sobre los orígenes de la enfermedad, la dermatóloga respondió: “En general no hay un disparador específico tan claro. No es una enfermedad hereditaria, pero sí existe una predisposición genética en grupos familiares. Es más común en mujeres en edad fértil, pero no hay una causa definida”.
“Es una enfermedad crónica y hay que controlarla según su severidad. No necesariamente tiene cura, pero se logra una estabilidad para evitar que progrese”, aseguró Baztán. Y concluyó: “El tratamiento puede mantener la enfermedad estable y permitir una vida normal; por eso, cuanto antes se encuentre, mejor”.
