La tocoginecóloga Mercedes Herrera habló sobre el acceso a la información, la educación sexual desde edades tempranas y la necesidad de que adolescentes y adultos incorporen el uso del preservativo como herramienta para prevenir infecciones de transmisión sexual.
La salud sexual atraviesa distintas etapas de la vida y no puede reducirse únicamente a la prevención de embarazos. Así lo planteó la tocoginecóloga Mercedes Herrera al analizar la importancia de contar con información clara y herramientas para ejercer la sexualidad de manera segura. En ese sentido, sostuvo en comunicación con ADNSUR que “la salud sexual tiene que ver con el placer, pero también con la seguridad”, y explicó que no existe una única manera válida de vivir la sexualidad, ya que puede incluir tanto la masturbación como las relaciones con otra persona.
Uno de los aspectos centrales señalados por la especialista fue la necesidad de comprender que la sexualidad está presente durante toda la vida, y no solamente durante la adolescencia o la adultez joven. Herrera remarcó que también forma parte de las experiencias de las personas mayores y que las distintas formas de vivirla deben ser contempladas sin establecer un único modelo como válido. A su vez, destacó que el concepto de seguridad involucra necesariamente la prevención de las infecciones de transmisión sexual, un aspecto que considera fundamental dentro del cuidado.
Al referirse a los adolescentes, explicó que las nuevas generaciones suelen iniciar su vida sexual a edades diferentes a las de generaciones anteriores y que en ese proceso intervienen múltiples factores sociales y culturales. En ese contexto, señaló que los medios de comunicación y las redes sociales cumplen actualmente un papel importante como fuentes de información, aunque sostuvo que el hogar continúa teniendo una influencia determinante en la formación de niños y adolescentes. “No todos los chicos tienen una familia atrás”, advirtió, al explicar que cuando ese acompañamiento no existe, muchos jóvenes terminan buscando respuestas por su propia cuenta y recurren principalmente a las redes sociales.
Herrera también destacó el papel de la Educación Sexual Integral (ESI) dentro de las escuelas y consideró que su incorporación representa un avance importante. Según explicó, la educación sexual no comienza necesariamente cuando los adolescentes empiezan a tener relaciones, sino que puede abordarse desde edades tempranas a través de contenidos vinculados con el cuidado del cuerpo y los límites personales. En ese sentido, ejemplificó que a los cinco años puede enseñarse que “nadie tiene que tocarte los genitales”, como una herramienta destinada a que los niños reconozcan su cuerpo, comprendan la importancia de la intimidad y puedan identificar situaciones que deben comunicar a un adulto.
La especialista señaló además que los resultados de los programas de educación sexual no son inmediatos y que pueden requerir años para generar cambios significativos en una comunidad. Estimó que se necesitan aproximadamente diez años para observar efectos importantes y advirtió que la implementación no siempre se produce de la misma manera en todos los lugares. Para Herrera, sostener estos contenidos a lo largo del tiempo es fundamental para que la información no quede limitada a acciones aisladas y pueda convertirse en una verdadera herramienta de prevención.
En cuanto a las infecciones de transmisión sexual, la médica sostuvo que existe una preocupación particular por el incremento de algunos diagnósticos registrado durante los últimos años. Explicó que las ITS comenzaron a mostrar un crecimiento significativo aproximadamente 15 años atrás y señaló especialmente el caso de la sífilis. Al mismo tiempo, destacó los avances registrados en el tratamiento del VIH y explicó que actualmente una persona diagnosticada puede acceder a tratamientos que permiten controlar la infección, en contraste con lo que ocurría décadas atrás.
En este punto, Herrera puso el foco en una situación que considera frecuente y que puede generar una falsa sensación de seguridad. “Muchas veces nos quedamos con la anticoncepción y la prevención del embarazo, pero nos olvidamos de las infecciones de transmisión sexual”, sostuvo. Para la especialista, evitar un embarazo no planificado constituye solamente una parte del cuidado y no debería desplazar la necesidad de prevenir enfermedades que pueden transmitirse durante una relación sexual.
Por ese motivo, insistió en la importancia del uso correcto del preservativo y consideró que todavía existe una deuda en materia de educación dirigida específicamente a los varones. Explicó que muchas adolescentes y mujeres tienen un contacto más frecuente con profesionales de la salud por controles ginecológicos o consultas relacionadas con anticoncepción, mientras que los varones suelen tener menos instancias de consulta y aprendizaje específico sobre prevención. Esa diferencia, según planteó, puede generar un vacío de información que debería abordarse desde edades tempranas.
Como ejemplo del trabajo que realizan para intentar cubrir esa falencia, contó que durante las charlas educativas recurren a elementos didácticos para explicar cómo utilizar correctamente un preservativo. “Trabajamos con un pene de madera para enseñar cómo se coloca correctamente el preservativo”, relató, y aclaró que la demostración está dirigida tanto a varones como a mujeres. La intención es que la información no quede solamente en una explicación teórica, sino que los jóvenes puedan incorporar de manera concreta una práctica que forma parte de la prevención de las ITS.
La profesional también hizo referencia a los cambios culturales registrados en las últimas décadas. Recordó que durante mucho tiempo estuvo instalado el modelo según el cual las mujeres debían iniciar sus relaciones sexuales después del matrimonio, una concepción que actualmente ya no representa necesariamente la realidad de todas las personas. Al mismo tiempo, sostuvo que las decisiones vinculadas con la religión y las convicciones personales deben ser respetadas, siempre que exista información y libertad para tomar esas decisiones.
Finalmente, Herrera insistió en que la prevención requiere una comunicación clara, accesible y adaptada a cada edad. Consideró que hablar de sexualidad sin prejuicios permite que niños, adolescentes y adultos puedan acceder a información confiable y tomar decisiones más seguras. En ese sentido, volvió a remarcar que “no hay una única forma válida de ejercer la sexualidad”, pero que cualquiera sea la elección de cada persona, el cuidado, el consentimiento y la prevención deben ocupar un lugar central.
