El pronunciamiento colectivo, impulsado por la escritora mexicana Dahlia de la Cerda, rechaza el «negacionismo» en los espacios literarios y respalda el boicot pacífico. Entre los firmantes figuran Lucrecia Martel, Cristina Rivera Garza, Camila Sosa Villada y Alejandro Zambra.
Más de 500 escritores y artistas firmaron un «posicionamiento colectivo» en el marco de la polémica por la exclusión de la escritora argentina Ariana Harwicz del Festival Cultur-ALH de Granada. El texto fue publicado por la escritora mexicana Dahlia de la Cerda en la plataforma Substack.
Entre los firmantes se encuentran Lucrecia Martel, Cristina Rivera Garza, Fernanda Trías, Camila Sosa Villada, Lydia Cacho, Pilar Quintana, Andrea Abreu, Alana S. Portero, Verónica Gago, Nona Fernández, Jazmina Barrera, Brigitte Vasallo y Mónica Ojeda. También adhieren los escritores Alejandro Zambra, Juan Cárdenas, Paul B. Preciado y Julián López, el cineasta Rodrigo Sorogoyen, y Patricia Escalona, una de las dos programadoras del festival que había invitado a Harwicz.
El pronunciamiento se produce días después de que escritores y personalidades de la cultura publicaran una declaración en apoyo a Harwicz, que ya cuenta con más de 600 firmas.
En el texto, los firmantes afirman: «Nos resistimos a que cualquier defensa a favor del pueblo palestino sea convertida automáticamente en antisemitismo». Y agregan: «Protestar no es censurar».
El posicionamiento respalda a Rita Segato, Lina Meruane, Sabina Urraca, Gabriela Wiener, María Fernanda Ampuero, Brenda Navarro, Silvia Federici y Ángelo Néstore, quienes mediante un pronunciamiento previo habían apoyado la retirada de la invitación de Harwicz. Según Harwicz, ellas fueron quienes reclamaron a las directoras del festival que se la «desinvitara». También apoyan a la Red Universitaria por Palestina de Granada, «cuya protesta y posicionamiento antecedieron a la decisión de la dirección del festival», señalan.
«Sabemos que posicionarse públicamente en solidaridad con el pueblo palestino dentro de la industria literaria puede tener costos», afirman. «Y, frente a esos costos, creemos que la respuesta tiene que ser colectiva. No vamos a dejar solas a las personas que se posicionan contra el genocidio del pueblo palestino perpetrado por Israel y contra la violencia ejercida por su ejército y sus colonos sobre los habitantes de Gaza y Cisjordania».
«Nuestro respaldo se extiende a quienes ejercen la protesta pacífica y la organización colectiva para exigir que las instituciones culturales y académicas respondan por las decisiones políticas que toman desde sus programaciones. La protesta, también amparada por la libertad de expresión, es una de las pocas herramientas que tienen los estudiantes y la ciudadanía para responder a los discursos que desde las altas tribunas y espacios de legitimación cultural niegan el genocidio palestino».
«Nos resistimos a que el debate quede reducido a un conflicto identitario y a que cualquier defensa a favor del pueblo palestino sea convertida automáticamente en antisemitismo», remarcan. «Estamos contra el genocidio, contra la violencia ejercida sobre Palestina y contra los discursos que la niegan, la minimizan, la justifican o la celebran».
En el séptimo párrafo del pronunciamiento, expresan su rechazo al antisemitismo. «Las personas judías no constituyen un bloque político homogéneo y no responsabilizamos colectivamente a ninguna de ellas por las acciones del Estado de Israel», aclaran. «Criticar el sionismo no equivale a atacar a las personas judías ni a todas las israelíes. Combatir el antisemitismo y oponerse al sionismo tampoco son posiciones mutuamente excluyentes. Defender al pueblo palestino no equivale a atacar a las personas judías».
A continuación, sostienen que «organizar un boicot pacífico» no es un acto de censura. «Creemos que no: criticar no es censurar, protestar no es censurar».
«Las instituciones culturales establecen límites éticos todo el tiempo», argumentan. «No aceptaríamos que la negación del Holocausto fuera presentada simplemente como ‘otra opinión’ en nombre de la pluralidad. No vemos por qué tendríamos que aplicar un estándar ético distinto cuando hablamos del sufrimiento del pueblo palestino».
Solicitan además que el «campo literario» tome una posición. «Pedimos a editoriales, festivales, ferias del libro, universidades, residencias, premios, fundaciones, instituciones culturales y demás agentes de la industria literaria que revisen sus vínculos institucionales con el Estado de Israel y con instituciones implicadas en la violencia contra el pueblo palestino. Pedimos que escuchen las demandas del movimiento palestino y de las organizaciones que trabajan por sus derechos». También piden que «no se castigue» a escritores y académicos «por posicionarse públicamente».
«NOSOTRXS también tenemos derecho a decidir qué hacemos con nuestro trabajo, nuestro dinero, nuestros libros, nuestra presencia y nuestro nombre. Podemos actuar, negarnos a participar, retirarnos, negarnos a compartir escenario, no comprar, no asistir, protestar, boicotear, exigir explicaciones, respaldar a quienes sufren represalias, organizarnos».
«No amenazamos la integridad de nadie», concluyen. «No perseguimos identidades. No sembramos violencia. Proponemos organización, boicot, protesta y acción colectiva, pública, pacífica y legal. Si hacen de la industria literaria un lugar hostil para quienes defienden al pueblo palestino, nos organizaremos para que la vergüenza cambie de bando. Responderemos al agravio con organización, protesta y boicot».
Si bien la recolección de firmas ya está cerrada, aconsejan que quienes deseen adherirse «pueden hacerlo compartiéndolo en sus redes y señalando públicamente su apoyo».
