El hecho ocurrió durante la madrugada del domingo 11 de octubre en el barrio Costanera. Los delincuentes forzaron las puertas y sustrajeron elementos de cocina, depósito y salón, según informó el responsable del espacio.
El comedor y merendero El Mesón, ubicado en el barrio Costanera de Trelew, fue objeto de un robo durante la madrugada del domingo 11 de octubre. Los responsables del espacio informaron que los delincuentes forzaron las puertas y sustrajeron dos garrafas de 10 kilos, carne, alimentos no perecederos, golosinas, ropa y un televisor de 32 pulgadas con su convertidor.
Daniel Castillo, coordinador del merendero, declaró que descubrió el hecho alrededor de las 11 de la mañana cuando llegó para llevar una donación de pan. «Me encuentro con la sorpresa de que estaban las puertas forzadas, faltaban cosas de la cocina, del salón, del depósito», relató Castillo.
Según indicaron vecinos del sector, durante la madrugada se habrían escuchado ruidos entre las 3:15 y las 3:30, aunque en ese momento pensaron que se trataba de chapas movidas por el viento.
Entre los elementos sustraídos se encuentran dos garrafas de 10 kilos, un televisor de 32 pulgadas con su convertidor, pollo, carne que estaba guardada en la heladera, alimentos no perecederos, golosinas destinadas a los niños y varias prendas de ropa.
La pérdida de las garrafas representa una dificultad adicional para el funcionamiento del comedor, ya que el establecimiento no cuenta con conexión de gas y depende de ellas para preparar las comidas.
Castillo consideró que los responsables podrían haber conocido el lugar donde se guardaban algunos de los elementos, aunque aclaró que no cuentan con información certera para identificar a los autores del hecho.
Tras descubrir el robo, realizaron la denuncia policial y se dio intervención al personal correspondiente para constatar lo sucedido.
Un espacio que asiste a cientos de familias
El Mesón lleva más de cuatro años de trabajo continuo en el barrio Costanera y recibe tanto a vecinos de la zona como a personas de sectores cercanos.
De acuerdo con Castillo, el comedor puede llegar a entregar alrededor de 250 viandas, según el momento del mes. Además, entre 40 y 50 niños concurren para compartir la merienda y tomar la chocolatada.
La institución también cumple una función educativa: de lunes a viernes se dictan clases de nivel primario para adultos, con la participación de aproximadamente diez alumnos. Los docentes que llevan adelante esta actividad son enviados por el Ministerio de Educación.
Por eso, el robo no solo representa una pérdida material, sino que también afecta los recursos necesarios para sostener las distintas actividades que se desarrollan en el lugar.
«Hacemos todo a pulmón»
Castillo explicó que el funcionamiento del comedor depende de las donaciones y del compromiso de quienes colaboran de manera voluntaria. Según señaló, las personas que trabajan allí no reciben becas ni salarios por esa tarea.
«Acá somos también de bajos recursos, hacemos todo a pulmón. La gente que trabaja acá y ayuda en la cocina, los colaboradores, ninguno cobra beca, nadie cobra un sueldo, es todo así de corazón», expresó.
El responsable también destacó la continuidad del trabajo solidario que llevan adelante desde hace más de cuatro años: «Nosotros hace cuatro años y dos meses ya que estamos acá consecutivamente».
En ese contexto, el robo representa un golpe para un espacio comunitario que sostiene su actividad con recursos limitados y que brinda asistencia alimentaria y educativa a vecinos que lo necesitan.
La falta de garrafas y alimentos complica la preparación de las comidas y reduce los recursos disponibles para continuar con la asistencia diaria a las familias y a los niños del barrio.
Con información de Canal 12, redactada y editada por un periodista de ADNSUR
