El psicólogo y escritor Bernardo Stamateas detalló tres clases diferentes de orgullo y explicó por qué es importante tener buena autoestima y a qué prestar atención.
El psicólogo y escritor Bernardo Stamateas afirmó que «todos somos seres fallados de fábrica, aunque con un potencial maravilloso». En un artículo de su autoría, el especialista detalló tres clases diferentes de orgullo y explicó por qué es importante tener buena autoestima y a qué prestar atención.
Stamateas definió el orgullo como «exceso de confianza en uno mismo». Según escribió, alguien orgulloso confía demasiado en lo que dice, en lo que hace y en lo que decide, y cree que todo eso, incluso él mismo, es superior.
El psicólogo sostuvo que sentir satisfacción por una acción extraordinaria no es malo y que tener una buena autoestima es saludable. El problema surge, según indicó, cuando una determinada capacidad se interpreta como una habilitación para descalificar a los demás.
Stamateas enumeró tres clases de orgullo o exceso de confianza:
- El que se cree «la última bebida en el desierto»: quien se considera imprescindible en su ámbito y no considera cómo podría mejorar su vida. Según el autor, pierde oportunidades que solo se aprovechan cuando se reconoce que puede haber alguien capaz de hacer las cosas mejor.
- El que confía demasiado en sus habilidades: la persona que no está dispuesta a recibir sugerencias, consejos o ideas novedosas. Puede haberse anclado en un logro pasado y se niega a abrirse a lo nuevo por creer demasiado en sus capacidades y menospreciar las de los demás. Esa actitud, según Stamateas, la mantiene estancada en la mediocridad.
- El que se excede en su forma de pensar: quien cree que sus ideas son las únicas valiosas y no reevalúa su forma de pensar ni siquiera frente a las dificultades, porque para él lo que piensa es «la verdad».
El autor concluyó que confiar en uno mismo es muy bueno, pero que también se debería perseguir la mejora continua. Para ello, indicó, es necesario admitir con humildad las falencias, cuestionarse, superarse y aceptar que la perfección no existe.
«Todos somos seres ‘fallados de fábrica’, como me gusta decir, aunque con un potencial maravilloso que todos podemos descubrir y desplegar a cada momento», escribió Stamateas.
