viernes, 29 agosto, 2025
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Ariana Grande, camaleónica y con polémica evolución estética: de afroamericana a asiática y ahora rubia blanca

Esta semana, el nombre de Ariana Grande se puso en boca de todos después de que diera pistas sobre su primera gira mundial en siete años. Finalmente confirmó el miércoles 27 que sólo se tratará de un tour por Estados Unidos y Londres exclusivamente, sin pasar por la Argentina. Aún así, la artista fue furor en las redes sociales de Latinoamérica.

Con el estreno en noviembre de la secuela Wicked: For Good y esta gran gira a la vista, Ariana Grande se encuentra nuevamente en el centro del debate cultural. Sin embargo, esta vez la discusión no se enfoca en su música o su vida amorosa, sino en su metamorfosis étnica.

La cantante de 31 años pasó del «blackfish» (como se denomina a las influencers no negras adoptan la apariencia de mujeres negras) a musa K-pop y ahora la perfecta Glinda rubia. Esta transformación revela un fenómeno más profundo: cómo los estándares de belleza occidentales se reinventan al ritmo de las tendencias globales.

Esta evolución no es solo estética, sino que es un espejo de cómo la industria del entretenimiento busca ganancias de la etnicidad, transformándola en un accesorio intercambiable según las demandas del mercado y los ciclos de popularidad cultural.

Ariana versión «blackfishing»

La transformación más controvertida de Ariana Grande ocurrió durante la década de 2010, cuando adoptó una estética que muchos críticos definieron como blackfishing. Este término, acuñado por la periodista Wanna Thompson en 2018, describe el fenómeno en cual personas no negras utilizan maquillaje, peinados y modificaciones corporales para similar herencia africana o que son de raza mixta.

Ariana Grande en los American Music Awards de 2016 at the Microsoft Theater in Los Angeles, California. / AFP PHOTO / Valerie Macon los angeles eeuu Ariana Grande entrega premio anual american music ceremonia premios a los musicos cantantes invitados

En el caso de Grande, esta transformación no solo incluyó un bronceado excesivo, sino que además adoptó elementos más allá del color de su piel, como la estética visual popularizada por artistas negros del trap y lo que se conoce como «blaccent»: la imitación del inglés vernáculo afroamericano por parte de individuos no negros.

El ejemplo más fuerte de esta época es su presentación en los Video Music Awards de MTV en 2016, donde interpretó Side to Side junto a Nicki Minaj. ¡Las fotografías del evento revelaron que el bronceado artificial de la artista hacía que su piel pareciera más oscura que la de Minaj, una mujer negra! Esta imagen se convirtió en un símbolo de la problemática del blackfishing, ilustrando cómo las celebridades blancas pueden «vestirse» de negritud cuando les conviene comercialmente.

Nicki Minaj 2016 VMA’s
Side To Side Performance
w/ Ariana Grande 💖 pic.twitter.com/diaLMlxu1j

— alexx $$$ (@alexxpaiddd) September 16, 2024

Ariana y su giro al K-Beauty

Conforme el K-pop ganaba popularidad mainstream a finales de la década pasada, Ariana Grande ejecutó otro cambio de imagen que generó nuevas acusaciones, esta vez de Asian-fishing. En diciembre de 2021 publicó en Instagram una sesión fotográfica que posteriormente eliminó debido a la controversia generada.

Ariana Grande versión «Arigato Grande». Foto: X

Las imágenes mostraban a la cantante con maquillaje de ojos que alteraba su forma natural, cejas rectas, labial rosado reminiscente de las tendencias de belleza coreanas y un tono de piel notablemente más pálido. El Asian-fishing describe el acto de individuos no asiáticos que usan maquillaje, edición de fotos y vestimenta para aparecer del este de Asia.

En el caso de Grande, la combinación de delineador de ojos exagerado, iluminación brillante y ángulos específicos hicieron que muchas personas no pudieran reconocerla inmediatamente en las fotografías. La controversia se intensificó cuando se compararon estas imágenes con sus apariciones televisivas del mismo período, donde su apariencia era notablemente diferente.

Este incidente no fue el primer roce de Grande con la cultura asiática. En 2019, la cantante se hizo un tatuaje en japonés que supuestamente debía decir «7 rings» por su canción del mismo nombre, pero la investigación deficiente resultó en caracteres que se traducían como «parrillada» o «asado».

Ariana Grande cometió un error al tatuarse.

Este error ejemplifica las consecuencias de explotar culturas para fines estéticos sin esforzarse por comprenderlas genuinamente.

Ariana versión Glinda: el regreso a la blancura

La fase más reciente de la evolución estética de Ariana Grande coincide perfectamente con su casting como Glinda en el musical Wicked. Desde 2022, cuando comenzó la producción de la película, adoptó un look completamente diferente: cabello rubio platino, piel pálida, maquillaje minimalista y un acento transatlántico tipo princesa Disney. Esta transformación marca un alejamiento radical de sus anteriores personificaciones étnicas.

Ariana Grande en una escena de «Wicked». Foto de prensa

La estética de Glinda —rubia, pálida, etérea— contrasta dramáticamente con las encarnaciones anteriores de la cantante, y la transformación hacia su actual imagen no es coincidental. Con la secuela Wicked: For Good, programado para su estreno el 21 de noviembre y una gira recién anunciado para el año que viene, la cantante adoptó una estética que se alinea perfectamente con las tendencias actuales de belleza.

Esta imagen no solo responde a una transformación estética sino que entra en diálogo con las crecientes presiones sociales vinculadas al auge del supremacismo blanco y las ideologías misóginas que exigen a las mujeres ser blandas, sumisas y de presencia diminuta.

La nueva Ariana refleja ese ideal: una mujer perfecta, dulce y pequeña, diseñada para no incomodar ni desafiar.

La rentabilidad de la ambigüedad racial

Como señaló un comentario de YouTube, debajo del video titulado An Honest Conversation About Ariana Grande por @kaylasays: «Mi problema con Ariana es que tiende a seguir lo que está de moda. La cultura negra estaba de moda y eso es lo que ella personificó. Luego la cultura asiática se popularizó con el auge del K-pop, así que cambió».

Esta observación captura la esencia del problema: la identidad étnica convertida en estrategia de marketing. Las celebridades blancas pueden adoptan características étnicas cuando les resulta comercialmente beneficioso.

Este fenómeno permite a los artistas aparecer «exóticos» o racialmente ambiguos para atraer audiencias diversas sin experimentar las desventajas sistémicas asociadas con ser realmente parte de una minoría étnica. No solo se apropian de elementos culturales, sino que también perpetúan estereotipos dañinos y refuerzan las jerarquías raciales existentes.

Como señala periodista Stacy Lee Kong, «Es deshumanizante cuando jóvenes, principalmente mujeres blancas, separan las características físicas de los pueblos racializados de nuestras etnias para poder ‘probarse’ las partes de nosotros que encuentran más estéticamente agradables».

La capacidad de la camaleónica Ariana Grande revela un privilegio fundamental: las celebridades blancas pueden experimentar con diferentes identidades raciales como accesorios de tendencia, mientras las personas de comunidades minoritarias no pueden «apagar» su etnicidad. Como señala otro comentarista: «La forma en que tan pronto como ya no se benefició de fingir ser negra o ‘culta’ o ‘del barrio’, inmediatamente volvió a alguna persona limpia, dócil, de teatro».

De Arigato a Afrikana y vuelta a Aria-na

La metamorfosis étnica de Ariana Grande representa más que una simple evolución estética—refleja cómo su identidad étnica se ha convertido en una estrategia de marketing y adaptación constante a las tendencias culturales. Mientras Grande se prepara para la promoción de Wicked: For Good y una gira internacional, su transformación plantea preguntas fundamentales sobre autenticidad, apropiación cultural y responsabilidad de las celebridades en la formación y promoción de estándares de belleza globales. Su evolución no es simplemente una cuestión de preferencias estéticas personales, sino un reflejo de dinámicas sociales más amplias que permiten que la etnicidad sea tratada como un accesorio de moda intercambiable.

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