El Gobierno nacional formalizó un giro estructural en los mecanismos de fiscalización del sector cárnico mediante la publicación de la Resolución 40 en el Boletín Oficial. Con la rúbrica del ministro de Economía, Luis Caputo, se anunció la puesta en marcha del Sistema Integral de Faena (SIF). Esta plataforma funcionará como el único registro obligatorio para todos los establecimientos faenadores del país, abarcando no solo a los bovinos, sino también a las especies bubalinas, porcinas, equinas, ovinas y caprinas.
Esta normativa representó el cierre de una etapa histórica en la administración de carnes en Argentina, ya que deroga regulaciones que permanecieron vigentes por más de 50 años. Entre las normativas que quedaron sin efecto se encontraron disposiciones de la antigua Junta Nacional de Carnes, regulaciones de la ex ONCCA y el esquema SIF 2015. La transición hacia el nuevo sistema integral buscó simplificar la burocracia estatal y, al mismo tiempo, endurecer los controles cruzados entre los organismos de fiscalización como el SENASA y la AFIP.
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Digitalización total y fin de los libros de existencia físicos
Uno de los puntos más disruptivos de la nueva norma fue la eliminación definitiva de la obligación de contar con el libro físico de Existencias de Hacienda y Carnes. Hasta la entrada en vigencia de esta resolución, los frigoríficos llevaban registros manuales que solían presentar dificultades para su auditoría en tiempo real. A partir de ahora, se incorporó el Libro Electrónico de Existencia de Carne en las cámaras de los establecimientos.
Este circuito digital incluyó cada etapa del proceso: desde el ingreso de la hacienda al predio, el cierre del Documento de Tránsito electrónico (DT-e), la autorización de faena, el resultado del romaneo, hasta las existencias diarias en cámara. Cada uno de estos registros adquirió el carácter de declaración jurada, lo que elevó significativamente el riesgo sancionatorio para aquellas empresas que presenten inconsistencias entre lo declarado en el sistema y el stock físico de mercadería.
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Trazabilidad individual: el chip electrónico llega a la línea de faena
Según informó Ámbito, la nueva normativa se acopló directamente a la política de identificación electrónica obligatoria que comenzó a regir en 2026 para bovinos, bubalinos y cérvidos. Bajo este esquema, el control dejó de ser grupal por tropa para volverse individual por animal. Los frigoríficos debieron adaptar su infraestructura para que, en plena línea de faena, se realice la lectura del chip electrónico.
Dicha identificación individual debió vincularse de manera inmediata con el número de garrón y quedar registrada en el resultado final del romaneo. Si bien la autoridad de aplicación dejó margen para una implementación gradual en este punto específico, la integración de la trazabilidad desde el campo hasta el gancho se convirtió en el eje central de la nueva política agroindustrial.
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Reglas estrictas para corrales y movimientos de hacienda
En cuanto a la logística interna de los establecimientos, la resolución reforzó reglas clásicas de manejo, pero ahora bajo un respaldo digital ineludible. Se estableció la numeración obligatoria de todos los corrales y se impuso una prohibición absoluta de mezclar tropas, incluso cuando pertenezcan al mismo propietario.
Asimismo, se prohibió terminantemente la faena de animales que salieron del establecimiento sin la emisión de un nuevo DT-e. Esta medida apuntó a combatir el movimiento irregular de hacienda y asegurar que cada cabeza de ganado cuente con el respaldo sanitario y fiscal correspondiente antes de su procesamiento.
Identificación de reses y controles de pesaje
La norma también buscó unificar los criterios de identificación visual. Se establecieron pautas estrictas sobre la numeración diaria correlativa, la ubicación exacta de sellos, etiquetas o lazos, y el uso exclusivo de tinta violeta para el marcado. La información mínima obligatoria que debe figurar en cada media res incluyó:
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- Clasificación y tipificación del animal.
- Peso exacto registrado en balanza.
- Identificación de la tropa.
- Destino comercial (consumo interno o exportación).
El establecimiento pasó a ser el único responsable por la legibilidad y la permanencia de estas etiquetas. En sintonía con esto, se formalizó la obligación de verificar diariamente la balanza de romaneo utilizando pesas de contraste por un peso no menor a los 180 kg, las cuales deben estar permanentemente a disposición de los inspectores oficiales.
Un régimen sancionatorio más riguroso
El incumplimiento de cualquiera de estos puntos derivó en un endurecimiento de las penas operativas. Más allá de las multas económicas, la resolución facultó a la autoridad para proceder con la suspensión preventiva de la planta.
La sanción más temida por los operadores es el bloqueo del DT-e, una medida que en la práctica paralizó la actividad del frigorífico al impedirle recibir o enviar hacienda. Además, el sistema ahora impide la emisión de documentos de tránsito a aquellos operadores que no se encuentren debidamente matriculados en el Sistema de Información de Operaciones de Carnes (SIOCAL), cerrando así el círculo de control sobre toda la cadena comercial.
