A los 62 años, Carlota Fidelina Matamala ofrece tortas fritas en Comodoro Rivadavia para complementar su jubilación mínima y ahorrar para un alquiler propio.
En la intersección de las calles Alsina y Sarmiento de Comodoro Rivadavia, Carlota Fidelina Matamala, de 62 años, vende tortas fritas, rosquitas, calzones rotos y pancitos saborizados junto a su sobrina Abi. La actividad comenzó como una alternativa para complementar su jubilación mínima, que consideró insuficiente para cubrir sus necesidades básicas.
“Vendemos acá porque mi sueldo no me alcanza”, declaró Carlota. El puesto funciona diariamente y la preparación de los productos se realiza con materia prima fresca como harina, levadura, aceite, grasa y huevos. Los precios son: la docena a 5.000 pesos y la media docena a 2.500 pesos. Según Carlota, la ganancia neta diaria oscila entre 10.000 y 15.000 pesos, luego de descontar los costos de producción.
Actualmente, Carlota reside en la casa de una “hermana de corazón”. Su objetivo principal es ahorrar lo suficiente para acceder a un alquiler económico en la zona donde trabaja. “No quiero dejar mi trabajo”, afirmó. Para colaborar, la comunidad puede acercarse a la esquina de Alsina y Sarmiento o utilizar el alias de Mercado Pago: Carlota.976.
