Organizaciones de Córdoba y la Patagonia desarrollan estrategias de primeros auxilios psicológicos para enfrentar las consecuencias emocionales tras el paso del fuego en Chubut y la región.
Los incendios forestales no solo devoran hectáreas de vegetación y bienes materiales; dejan una huella invisible en la salud mental de los damnificados y brigadistas. Frente a esta realidad, dos iniciativas de atención psicológica en emergencia acumulan experiencia en brindar Primeros Auxilios Psicológicos (PAP) en incendios en Córdoba y la Patagonia, incluyendo la Comarca Andina, en el límite entre Río Negro y Chubut.
El programa de Gestión de Primeras Respuestas en Salud Mental ante Eventos Críticos Comunitarios (GPR) de la Facultad de Psicología de la Universidad Nacional de Córdoba (UNC) surgió en 2015 durante las inundaciones en Sierras Chicas, Córdoba. En tanto, la Red Micelar Humanitaria (RMH) se organizó durante los incendios de 2025 en la Comarca Andina.
Según datos de la Organización Mundial de la Salud (OMS), casi todas las personas afectadas por una emergencia tienen algún tipo de sufrimiento psíquico, y se estima que el 22% de la población afectada puede desarrollar trastornos como depresión, ansiedad o estrés postraumático. Ambas organizaciones coinciden en que “el trauma se gesta en soledad, pero se sana en comunidad”.
“Necesitamos apoyo emocional para poder hacer este trabajo sin rompernos, sin quebrarnos emocionalmente”, afirmó Lume Dorado, brigadista con cuatro años de experiencia en la Comarca Andina.
Prevención y autocuidado
La prevención es clave para fortalecer las capacidades de organización comunitaria. En esta etapa, el GPR trabaja con quienes están en la primera línea de acción. Las psicólogas explicaron que durante un incendio los brigadistas suelen concentrarse en cumplir protocolos y apagar el fuego, dejando en segundo plano lo emocional.
“Ellos tienen activa la parte operativa: saben qué hacer, cómo evacuar y cómo actuar. Pero las personas damnificadas están con la parte emocional activa. Y no pueden decidir, organizarse o reaccionar”, declaró Ivonne Quattropani, integrante del GPR.
El trabajo incluye el autocuidado de brigadistas. “Tratamos de concientizar que el autocuidado es una condición indispensable para las personas que trabajan con el sufrimiento humano”, señaló Alejandra Rossi, coordinadora del GPR.
Por su parte, la RMH capacita a personas de la zona, como agentes sanitarios de salud mental, para estar más preparados ante un próximo incendio. “Somos una red que sostiene y regenera”, afirmó Paula Saavedra, su coordinadora.
Primeras 72 horas
Cuando el incendio impacta, las primeras 72 horas son determinantes para aplicar los Primeros Auxilios Psicológicos (PAP), definidos como una “RCP emocional” que busca proporcionar alivio inmediato y conectar a la persona con sus redes de apoyo.
“Cuando hay un evento inesperado, como un incendio, y la persona no encuentra una vía de evacuación emocional dentro esas 72 horas, quizás se puedan activar sintomatologías que no habían quedado resueltas de traumas anteriores”, apuntó Quattropani.
Lume recordó una experiencia crítica: “Después de un incidente que tuve, ya estaba viendo rasgos de un síndrome postraumático: no estaba actuando desde el presente, sino desde el pasado, por cosas que había visto en anteriores temporadas”.
El GPR realiza visitas casa por casa y a centros de evacuados. La RMH opera con guardia telefónica las 24 horas y dispositivos en el lugar. “Buscamos una escucha abierta, sin juicio”, indicó Saavedra.
Después del fuego
Tras el incendio, la recuperación emocional requiere estrategias de largo plazo. El equipo GPR realiza un seguimiento de al menos cuatro semanas para evaluar si los síntomas disminuyen o requieren derivación profesional. La RMH activó un dispositivo específico para varones y brigadistas, quienes suelen tener mayores índices de suicidio tras las catástrofes.
“El varón no habla de su situación psicológica. Abrimos el dispositivo de masculinidades porque siempre es una mujer la que pide ayuda por ellos”, señaló Saavedra.
“Como comunidad nos dimos cuenta de que cuidar nuestra salud mental es igual de importante que apagar el fuego”, reconoció Lume.
Consejos para la conversación con damnificados
Paula Saavedra mencionó algunos consejos sobre cómo conversar con personas damnificadas: practicar una escucha abierta, validar la angustia, nombrar las emociones para despatologizar, ofrecer presencia y compañía, ayudar a calmar a través del cuerpo, indagar sobre necesidades básicas y hablar siempre con la verdad. Evitar juicios de valor, minimizar la experiencia, hacer falsas promesas, racionalizar el dolor y patologizar las reacciones.
Recomendaciones para medios de comunicación
La Red Micelar Humanitaria y Gestión Psicosocial de Riesgos señalaron buenas prácticas para la cobertura de incendios: fomentar un rol activo evitando el término “víctima” y usando “persona damnificada”, capacitarse en PAP, respetar los tiempos del afectado, cuidar la salud mental de la audiencia, no retirarse con las llamas, visibilizar la reconstrucción y priorizar información de servicio.
Esta nota surge en el marco de las conversaciones del 21 de mayo durante el taller “De la información a la acción: comunicar incendios en un nuevo escenario climático en la Patagonia Norte”, organizado por Fundación Avina y Fundación Alimentaris.
