Néstor Darío, vecino de Puerto Madryn, transformó el cierre de su carnicería durante la pandemia en un emprendimiento familiar que enfrenta diariamente las condiciones climáticas de la Patagonia.
En Puerto Madryn, Néstor Darío inició un emprendimiento familiar tras el cierre de su carnicería durante la pandemia de COVID-19. Su jornada laboral comienza entre las 4 y las 5 de la mañana, cuando elabora los productos que luego vende en la vía pública.
Antes de la emergencia sanitaria, Néstor trabajaba como carnicero en un local comercial. Las restricciones horarias y el cierre de puertas durante la pandemia hicieron insostenible ese modelo de negocio. «Se nos cerraron las puertas como carnicero, las ventas al público estaban muy limitadas», declaró.
Actualmente, Néstor trabaja a la intemperie, donde debe «resistir el frío, el calor y el viento». Los resultados económicos varían entre días buenos y otros «un poco regulares», según afirmó.
El emprendimiento involucra a toda la familia. Su esposa participa en la producción y comercialización, mientras que los hijos colaboran en tareas del hogar y en los puntos de venta. «La rutina es levantarnos temprano todos los días, 4 o 5 de la mañana, y elaborar para el día», explicó Néstor. En ocasiones, el trabajo se extiende hasta altas horas de la noche, con días en que «no dormimos».
Néstor destacó el acompañamiento de los vecinos de Puerto Madryn como un factor clave para mantener el emprendimiento. Los clientes, según indicó, valoran la calidad del producto y el esfuerzo detrás de cada jornada.
