La Feria Itinerante Gatti, que organiza encuentros en distintos puntos de Comodoro Rivadavia, registra un aumento en la demanda de puestos. Su referente, Nelly Zonemberg, explicó que la situación económica impulsó a más familias a buscar alternativas de ingresos.
Las ferias se transformaron en una alternativa de ingresos para numerosas familias de Comodoro Rivadavia. Nelly Zonemberg, referente y organizadora de la Feria Itinerante Gatti, explicó a ADNSUR que la actividad creció en los últimos 16 años y que la demanda de espacios supera la oferta disponible.
Zonemberg organiza encuentros en el gimnasio Gatti, la Escuela 711 y, en ocasiones, la Sociedad Rural. En la Escuela 711 hay 84 puestos habilitados y existe una lista de espera de personas que quieren trabajar y no consiguen lugar. Cuando se realizan dos ferias durante un mismo fin de semana, pueden trabajar más de 145 familias, aunque esa cantidad no cubre toda la demanda.
“La demanda es más grande”, afirmó Zonemberg. Según la organizadora, muchas familias dependen de los ingresos obtenidos durante el fin de semana. “Yo tengo muchas familias que esperan el fin de semana para poder trabajar porque no tienen otra entrada”, declaró. Esos ingresos se destinan a gastos cotidianos como impuestos, ropa para los hijos y cuestiones escolares.
Zonemberg comenzó con la actividad alrededor de 2010. En ese entonces predominaban las ferias americanas, con productos usados y nuevos, principalmente indumentaria. Con el paso de los años, las ferias se multiplicaron en escuelas, gimnasios y otros establecimientos de la ciudad. Actualmente, la organizadora indicó que es difícil establecer una cifra exacta de ferias en funcionamiento.
La organizadora reconoció que el consumo cayó, pero detectó una mejora en los últimos meses. “A partir de mayo de este año yo veo que ha remontado en ese sentido”, señaló. La respuesta de los compradores varía según el lugar. Sobre el último encuentro en la Sociedad Rural, dijo que fue “un éxito total” y que estuvo “llenísimo” de personas. “Vos vas a la Rural, por ejemplo, es un público, vas a la Escuela 711 es otro, vas al Gatti es otro. O sea, hay público para todas las ferias”, sostuvo.
En cuanto a los costos, Zonemberg aclaró que los feriantes que participan en sus ferias pagan impuestos, ingresos brutos y monotributos. También afrontan gastos de mercadería, envíos y, en algunos casos, viajes para abastecerse. La diferencia con los comercios tradicionales radica en la estructura de costos, ya que los comercios deben afrontar alquileres y salarios de forma permanente, mientras que los feriantes concentran su actividad durante el fin de semana.
La organizadora no precisó cuánto puede recaudar un feriante en un fin de semana, ya que depende de cada vendedor y del tipo de productos. Recordó que en sus inicios algunos vendedores le contaban que con las ganancias de dos encuentros podían afrontar obras en sus viviendas. “Eran otros tiempos, obviamente, todo estaba mucho más económico también”, señaló.
Cada feria genera actividad para otras personas. Zonemberg detalló que en sus encuentros trabajan tres personas de limpieza, tres de armado, un fletero y tres de seguridad. El costo de participar varía según el lugar. En la Escuela 711, un puesto de 1,85 por 90 centímetros, con mesa, silla y mantel, tiene un valor de 42.000 pesos por los dos días, e incluye servicios generales como limpieza, seguridad, armado y desarme.
