El Tribunal Oral en lo Criminal N.º 1 de Dolores dictó prisión perpetua para Francisco Waldemar Redd, de 25 años, por los homicidios de su padre, su madrastra y su hermanastro de 11 años, ocurridos en diciembre de 2023 en un campo de Chascomús.
El Tribunal Oral en lo Criminal N.º 1 de Dolores condenó este lunes a prisión perpetua a Francisco Waldemar Redd por los homicidios de su padre, Diego Reddy, de 44 años; su madrastra, María Eugenia Suárez, de 47; y su hermanastro Ignacio, de 11 años. Los hechos ocurrieron entre el 29 y el 31 de diciembre de 2023 en la estancia Los Pinos, ubicada en Chascomús.
Redd, de 25 años, se encuentra detenido en el penal de Batán. Durante la lectura de la sentencia, se conectó de manera virtual y decidió no escuchar el fallo de los jueces Christian Ariel Rabaia, María Claudia Castro y Juan Paulo Gardinetti.
La condena fue por homicidio calificado por el vínculo en perjuicio de su padre; homicidio agravado por alevosía por el crimen de su madrastra; y homicidio simple por el asesinato de su hermanastro. La pena no contempla la posibilidad de libertad condicional, por lo que la expectativa de cumplimiento es de 40 años.
El defensor oficial, Diego Marcelo González, había pedido la absolución. El fiscal del juicio, Juan Manuel Dávila, había solicitado la prisión perpetua y sostuvo que detrás de los asesinatos hubo, entre otros motivos, un conflicto económico y desavenencias familiares.
Un crimen premeditado
Según se reconstruyó durante la investigación y el juicio, Redd comenzó a preparar el escenario días antes del triple crimen.
El 28 de diciembre de 2023 vendió 20 vacas de cría Aberdeen Angus que pertenecían a su padre, una operación que realizó a espaldas de Diego y por unos 3,4 millones de pesos.
Al día siguiente, concretó otra operación. Había contactado por Facebook a un vecino de Ayacucho para comprarle una Chevrolet S10 modelo 2008. Para cerrar el trato ofreció un Suzuki Fun modelo 2007 y cinco vacas que finalmente nunca entregó.
Ese mismo día que debía regresar a su trabajo como policía bonaerense, Redd le pidió a un tío un rifle calibre .22 marca Mahely. Le dijo que lo necesitaba para ir a “cazar chanchos a un campo de la Costa”.
Con el arma en su poder, se dirigió hacia la estancia Los Pinos, donde trabajaba su padre como puestero.
Fue por su madrastra y luego por su hermano de 11 años
El 29 de diciembre, entre las 18 y las 19.30, comenzó la secuencia criminal. Primero encontró a María Eugenia Suárez mientras cocinaba un pollo. Se acercó por detrás y le apoyó el rifle a menos de 25 centímetros de la nuca. Luego disparó.
La mujer murió prácticamente sin posibilidad de advertir el ataque.
Después fue hasta el galpón, donde se encontraba Ignacio, de 11 años. El niño recibió primero un disparo en el abdomen que le provocó graves lesiones internas, entre ellas la destrucción del bazo y del riñón izquierdo.
Pero el ataque no terminó allí. Redd también lo golpeó en la cabeza con un elemento contundente que nunca pudo ser encontrado. Ignacio sufrió múltiples lesiones, perdió varios dientes y quedó con el rostro gravemente lastimado.
El niño fue trasladado al Hospital San Vicente de Paul de Chascomús, pero murió poco después.
El cuerpo fue descubierto por un hombre que también vivía en el establecimiento y cumplía funciones como encargado. Le llamó la atención que un tractor permaneciera con el motor encendido en el galpón y, al acercarse, encontró al menor agonizando.
Su papá intentó esconderse
Diego Reddy fue encontrado dos días después, el 31 de diciembre, entre unos pastizales ubicados a unos 200 metros de la vivienda.
Los investigadores reconstruyeron que Francisco lo habría atacado en medio del campo, aparentemente cuando su padre intentaba escapar o esconderse.
Diego estaba preparando un medio lechón al asador cuando fue atacado. Presentaba una herida defensiva en el antebrazo izquierdo. Uno de los disparos le ingresó en esa zona, atravesó el cuerpo y terminó alojándose en la axila derecha.
Un segundo disparo fue efectuado en la nuca y le provocó una lesión mortal.
Tras los asesinatos, Francisco Redd intentó construir una coartada. Mientras todavía buscaban a su padre, aseguró que había recibido una llamada en la que desconocidos le exigían siete millones de pesos por el supuesto secuestro de Diego. La investigación determinó que esa comunicación nunca había existido.
Incluso le pidió a un compañero de la Policía Bonaerense que otra agente lo llamara y simulara una voz masculina para reclamarle dinero. Pero la versión comenzó a derrumbarse rápidamente.
La investigación terminó vinculándolo con los tres asesinatos y, este lunes, el tribunal dictó la condena que había solicitado la fiscalía.
Sobre la crueldad con que asesinó a Ignacio, el menor de la familia, una persona que conocía el vínculo entre los hermanos resumió durante la investigación una de las hipótesis sobre el conflicto: “Nunca pudo soportar su llegada”.
Con información de Clarín, editada y redactada por un periodista de ADNSUR
