Carlos Ferello, un ingeniero jubilado de Ushuaia, narró cómo vivió la emergencia sanitaria a bordo del MV Hondius, que derivó en la muerte de dos pasajeros y activó protocolos internacionales.
El crucero MV Hondius, que había zarpado desde Ushuaia con destino a Buenos Aires, se convirtió en el centro de una alerta sanitaria tras confirmarse un brote de hantavirus a bordo. El barco arribó a Tenerife luego de que la tripulación y los pasajeros atravesaran días de incertidumbre y aislamiento.
Carlos Ferello, único argentino a bordo, contó que el viaje, originalmente previsto para finalizar el 5 de mayo, se extendió varias semanas debido a los protocolos sanitarios. “Esto terminó siendo una desgracia”, resumió el ingeniero jubilado, quien viajaba solo.
Los primeros síntomas aparecieron cuando el barco navegaba rumbo a Tristán da Cunha. Un matrimonio neerlandés comenzó a sentirse mal; inicialmente se pensó en una infección común, pero la situación cambió cuando el hombre falleció a bordo y su esposa, evacuada en Santa Elena hacia Johannesburgo, también murió días después.
El brote afectó además al médico del barco y a un guía de expedición, ambos recuperados tras ser trasladados a Sudáfrica. Ferello destacó que no hubo pánico generalizado: los pasajeros mantuvieron distancia y redujeron el contacto social, lo que ayudó a evitar nuevos contagios.
El ingeniero elogió el acompañamiento de la Cancillería argentina y del cuerpo diplomático. Finalmente, optó por ser trasladado a Países Bajos junto a otros pasajeros internacionales, donde cumplirá un aislamiento de 15 días con controles médicos periódicos. “Es un viaje inolvidable”, concluyó entre risas irónicas, destacando la templanza del grupo de amantes de la navegación.
