Un documento del general San Martín y expediciones previas al Congreso de Tucumán revelan la importancia estratégica del sur en la campaña libertadora.
Mientras en Tucumán se declaraba la Independencia de las Provincias Unidas del Río de la Plata el 9 de julio de 1816, la Patagonia ya era escenario de acuerdos, proyectos productivos y estrategias militares que la vinculaban al proceso revolucionario.
Según reconstruyó el antropólogo Sergio Caviglia para ADNSUR, el militar Pedro Andrés García encabezó en los meses previos al Congreso de Tucumán una expedición hacia las Salinas Grandes con el objetivo de garantizar el abastecimiento de sal para Buenos Aires y fortalecer relaciones con pueblos originarios. García presentó en 1816 un “Plan de Fronteras” que proponía fomentar el poblamiento, impulsar la agricultura y mantener un trato pacífico con las comunidades indígenas.
En 1811, García había firmado un tratado en nombre del Primer Triunvirato con jefes originarios, planteando su incorporación al nuevo Estado. Para 1816, según sus informes, muchos grupos indígenas solicitaban tierras y apoyo para establecerse y cultivar.
En paralelo, en la Península Valdés se reactivaban asentamientos vinculados a la caza de lobos y elefantes marinos, con participación de trabajadores tehuelches, y se realizaba extracción de sal.
El 14 de agosto de 1816, el general José de San Martín envió una carta al ministro de Guerra solicitando que se remitieran a Mendoza los presos destinados a los presidios de Patagones y de las Islas Malvinas, con el objetivo de reforzar el Ejército de los Andes. En la misiva, San Martín planteó “hacer útiles al Estado estos individuos”.
El pedido evidencia el conocimiento de San Martín sobre el territorio austral. La mención de las Islas Malvinas constituye un antecedente en el reclamo argentino por la soberanía en el Atlántico Sur.
En enero de 1817, el Ejército de los Andes inició el cruce con unos 4.500 hombres, incluidos soldados de distintos sectores sociales.
