El uso de fármacos como Ozempic para perder peso rápidamente volvió a generar debate en Hollywood. Una especialista en cirugía bariátrica de Córdoba explicó los riesgos de utilizarlos sin indicación médica y diferenció adelgazar de tratar la obesidad.
El regreso de la delgadez como accesorio y símbolo de estatus social volvió con fuerza a Hollywood. Actrices como Demi Moore, Jenna Ortega, Lily Collins y más recientemente la cantante Ariana Grande volvieron a despertar la polémica sobre la utilización de fármacos como Ozempic para perder peso rápidamente. Detrás de esta tendencia aparece una pregunta: ¿qué se sabe realmente sobre sus efectos y cuáles son los riesgos cuando se utilizan sin indicación médica?
Fabiana Stolman, miembro del Programa de Cirugía Bariátrica del Hospital Privado Universitario de Córdoba, señaló que la presión por alcanzar un cuerpo delgado no es nueva y que a lo largo de la historia se recurrió a distintas sustancias con ese objetivo, entre ellas laxantes y anfetaminas. «La moda de estar flaca estuvo siempre», afirmó Stolman, y sostuvo que la aparición de estos nuevos fármacos representa «una alternativa más dentro de una práctica» que históricamente estuvo atravesada por el riesgo de usos inadecuados.
Stolman marcó una diferencia fundamental entre adelgazar y tratar la obesidad. Según explicó, «una persona puede perder peso como consecuencia del uso de un medicamento sin que eso signifique que esté realizando un tratamiento adecuado para una enfermedad». «El adelgazamiento es una consecuencia, no es el fin en sí mismo», sostuvo. Advirtió que cuando estos fármacos se utilizan de manera incorrecta, sin acompañamiento médico, nutricional o psicológico, la pérdida de peso puede producirse sin atender las causas ni las características particulares de cada paciente.
Qué dice la evidencia
La especialista señaló que los medicamentos atraviesan distintas etapas de investigación antes de ser aprobados y que, una vez comercializados, continúa su seguimiento para detectar posibles efectos que puedan aparecer «durante su utilización en la vida real».
Uno de los efectos que generó mayor repercusión pública fue la posibilidad de sufrir complicaciones oftalmológicas. La médica explicó que «el riesgo debe analizarse según las condiciones de cada paciente» y diferenció especialmente los casos de personas con diabetes que ya presentan daños en la retina. «En esos pacientes, un descenso muy rápido de la glucemia puede agravar una retinopatía diabética». Por eso, Stolman remarcó que antes de utilizar medicamentos que produzcan una modificación rápida del control metabólico es necesario conocer el estado previo de la retina y realizar el seguimiento correspondiente.
Una práctica preocupante
Más allá de los efectos físicos, la especialista también advirtió sobre el impacto que el uso inadecuado de estos medicamentos puede tener en personas con predisposición a desarrollar un trastorno de la conducta alimentaria. Aclaró que «no se puede establecer una relación directa de causalidad», pero sí puede convertirse en un factor que dispare el problema. «Un fármaco de este tipo mal indicado puede ser un disparador, por supuesto, digamos, de un trastorno de conducta alimentaria en alguien predispuesto», explicó.
La facilidad para acceder a estos medicamentos constituye, según Stolman, otro punto de preocupación. «Hoy es muy fácil acceder sin una receta. Yo recibo pacientes que llegan al consultorio después de haberlos comprado en una farmacia y comenzado a utilizarlos sin el seguimiento de un especialista», sostuvo.
Una de las alertas que observa Stolman es la prescripción de estos medicamentos por parte de profesionales que no necesariamente cuentan con formación específica en obesidad. «Algunos de los pacientes llegan al consultorio después de haber recibido indicaciones incorrectas sobre las dosis».
Estos fármacos requieren una «titulación progresiva», es decir, un aumento gradual de la dosis. Cuando se comienza con cantidades mayores a las correspondientes, pueden aparecer vómitos, malestar y dificultades para comer. «Hay muchos médicos prescribiendo dosis mucho más altas que son las de inicio», advirtió. Para Stolman, esta situación puede generar experiencias negativas que no necesariamente se deben a una falta de seguridad del medicamento, sino a una utilización incorrecta.
La especialista también destacó que la eficacia de estos tratamientos puede convertirse en un arma de doble filo. «Son medicamentos que son muy eficaces y están revolucionando el tratamiento y tienen un perfil de seguridad que es muy bueno», afirmó, aunque remarcó que eso no significa que puedan utilizarse sin conocer las características de cada paciente.
Un abordaje integral
Frente al crecimiento del uso de estos medicamentos para adelgazar, Stolman insistió en que la obesidad requiere un tratamiento integral y «no puede reducirse únicamente a la pérdida de peso». En ese proceso, consideró importante contar con profesionales especializados y equipos que puedan evaluar la historia completa de cada paciente.
«Está bueno que también la gente concurra a lugares que ya vienen tratando obesidad hace tiempo, incluso hasta si tienen equipos de cirugía bariátrica porque está más naturalizado que hay que conocer toda la historia y hacer un acompañamiento como más integral», recomendó.
Para Stolman, los medicamentos representan una herramienta eficaz, pero no reemplazan el acompañamiento profesional ni otras áreas del tratamiento. «Son excelentes estos fármacos pero para nada vinieron en ese aspecto a cambiar la historia del tratamiento de la obesidad que ya no hace falta explorar otros ámbitos, acompañar con nutrición y eso no lo cambian», concluyó.
