El filósofo surcoreano analiza en su libro ‘No-cosas’ el impacto de los smartphones en la comunicación interpersonal y sostiene que la interacción digital reduce la presencia del otro y debilita los vínculos comunitarios.
En 2007, Steve Jobs presentó en una conferencia en San Francisco un nuevo tipo de teléfono celular sin botones analógicos, con interfaz totalmente digital. Ese dispositivo, que luego se generalizó como smartphone, modificó las formas de comunicación a nivel global.
En su libro No-cosas, publicado en 2021, el filósofo Byung-Chul Han analiza los cambios sociales derivados de la adopción masiva de estos dispositivos. En el capítulo dedicado al smartphone, Han escribe: «En la comunicación digital, el otro está cada vez menos presente, la forma de dirigirse al mundo desaparece».
El autor señala que en la comunicación digital se evita el contacto directo: «Al otro no se lo llama para hablar. Preferimos escribir mensajes de texto en lugar de llamar porque al escribir estamos menos expuestos al trato directo. Así desaparece el otro como voz».
Han también plantea que el uso del smartphone refuerza el egocentrismo: «Al tocar su pantalla, someto al mundo a mis necesidades. El mundo parece estar digitalmente a mi entera disposición». Según el filósofo, esta percepción de control contribuye a una comunicación descorporeizada, sin visión del otro, lo que debilita los lazos comunitarios y la empatía.
El autor ejemplifica esta pérdida de empatía con la proliferación de comentarios negativos y conductas de acoso en redes sociales, donde personas que no se conocen interactúan de manera hostil.
En cuanto a la diferencia entre el teléfono convencional y el smartphone, Han afirma: «El smartphone se diferencia del teléfono móvil convencional porque es, ante todo, un medio que combina imágenes con información. La cámara y la pantalla son elementos capitales porque fuerzan la conversión del mundo en imagen».
El dispositivo también concentra funciones que antes eran independientes: cámara de fotos y video, linterna, almacenamiento de archivos, grabadora de voz y plataforma de entretenimiento. Esta multiplicidad de usos genera una dependencia que se manifiesta en situaciones de pérdida o extravío del aparato.
Han concluye que la hipercomunicación no satisface la necesidad de vínculo: «Esta hipercomunicación no es satisfactoria. Solo hace más honda la soledad, porque falta la presencia del otro».
