Los registros meteorológicos de las últimas décadas muestran un aumento de aproximadamente un grado en la temperatura media y una disminución en la velocidad promedio del viento. Las precipitaciones, en cambio, no registran un crecimiento sostenido, aunque eventos extremos como el de 2017 modificaron la percepción local.
Los registros de las últimas décadas permiten poner a prueba algunas de las frases más repetidas por los comodorenses. La temperatura media aumentó alrededor de un grado en ocho décadas, y la velocidad promedio del viento muestra una disminución. Con las lluvias, en cambio, los números contradicen en parte la percepción popular.
“Frío era el de antes”. “Viento era el de antes”. Son frases que se repiten de generación en generación en Comodoro Rivadavia. También hay una tercera percepción que ganó terreno, especialmente después de la catástrofe de 2017: que en Comodoro ahora llueve mucho más.
Los registros meteorológicos de las últimas décadas permiten ensayar una respuesta. Comodoro efectivamente es hoy una ciudad más cálida que hace 80 años y el viento promedio perdió algo de intensidad. Sin embargo, las precipitaciones no muestran un crecimiento sostenido a lo largo de las décadas.
A nivel local, Comodoro ya cuenta desde 2023 con un plan para mitigar los efectos del cambio climático y avanzar hacia las energías limpias.
Un grado más: el dato que confirma que Comodoro es más cálido
Uno de los análisis que permite mirar hacia atrás fue realizado en 2016 por Walter Maza, docente de Meteorología y Climatología de la Facultad de Ciencias Naturales de la Universidad Nacional de la Patagonia San Juan Bosco.
Al estudiar alrededor de ocho décadas de registros, Maza determinó que la temperatura media anual de Comodoro Rivadavia había aumentado aproximadamente un grado.
Los primeros datos considerados corresponden a la década de 1930, cuando la temperatura media anual de la ciudad se ubicaba alrededor de los 12,5 grados. Para mediados de la década de 2010, en cambio, ya superaba los 13 grados.
El comportamiento no fue perfectamente ascendente año tras año. Hubo décadas más frías y otras más cálidas. Analizando los datos en periodos de 10 años, aparece una particularidad durante la década del 70: allí se encontró la mínima más baja dentro del período estudiado, cercana a los 11,8 grados, mientras que la máxima media apenas alcanzó los 13.
Desde entonces, los valores volvieron a subir. En los 80 la mínima se estableció aproximadamente en 12,3 grados y la máxima cerca de 13,5. La década del 90 registró algunos de los valores más elevados de toda la serie analizada por Maza: una máxima promedio de alrededor de 13,8 grados y una mínima de 12,5. Durante la década del 2000, la máxima promedio volvió a ubicarse cerca de los 13,8 grados.
Los datos más recientes de reanálisis climático también muestran una tendencia positiva de la temperatura para la región de Comodoro. La base ERA5, desarrollada por el Centro Europeo de Previsiones Meteorológicas a Plazo Medio (ECMWF), permite analizar la evolución desde 1979 y muestra una tendencia de calentamiento en la región.
Así, al menos una parte de aquella expresión de los vecinos más antiguos tiene respaldo estadístico: “frío era el de antes” no es solamente nostalgia. Comodoro se calentó. Ya en 2021, ADNSUR anticipaba que la ciudad podía registrar las temperaturas más altas de los últimos 30 años, en paralelo a la crisis del agua.
“Antes nevaba mucho más”
Para María Elena, vecina que tiene 71 años y vivió toda su vida en Comodoro, el cambio se percibe especialmente durante el invierno.
“No te olvides de la nieve. También nevaba mucho más seguido. Todos los inviernos y varias veces”, recuerda. Su memoria de aquellos años está atravesada por escenas que hoy parecen mucho menos habituales.
“Mi papá nos hacía venir al Centro porque él trabajaba en el Correo y siempre cuando cobraba nos sacaba a pasear y comprar algún juguete. Era impresionante en invierno el frío que hacía, se nos congelaban las manos”, cuenta.
La percepción de inviernos menos rigurosos resulta compatible con la tendencia general de aumento de temperatura, aunque recordar determinados episodios no permite por sí solo establecer cómo cambió la frecuencia de las nevadas. Los registros climáticos históricos confirman que la nieve forma parte del clima de Comodoro y puede producirse durante el semestre frío. En la cordillera de Chubut, en tanto, la acumulación de nieve retrocede de manera sostenida desde 2021.
¿Y la lluvia? Acá los números sorprenden
Si con la temperatura la percepción popular encuentra respaldo, con las precipitaciones la historia es bastante más compleja. La sensación instalada después de los últimos años es que en Comodoro llueve más que antes.
Sin embargo, cuando se agrupan los registros disponibles por décadas, esa afirmación no aparece con tanta claridad. Los datos del reanálisis climático ERA5 —que trabaja con información atmosférica desde 1979 y tiene una resolución aproximada de 30 kilómetros— permiten observar la evolución regional durante más de cuatro décadas.
Se trata de estimaciones climáticas y no de mediciones puntuales para cada barrio de la ciudad, una limitación importante al momento de interpretar los resultados.
Entre 1979 y 1988, el promedio fue de aproximadamente 269,5 milímetros anuales. Entre 1989 y 1998, cayó a unos 246 milímetros.
Entre 1999 y 2008, volvió a bajar, esta vez hasta aproximadamente 244 milímetros anuales. Y entre 2009 y 2018, el promedio fue cercano a los 241,5 milímetros, aun incluyendo dentro de ese período al extraordinario 2017.
Es decir, durante cuatro períodos consecutivos el promedio fue descendiendo: 269,5; 246; 244 y 241,5 milímetros anuales.
Entre 2019 y 2025, en cambio, aparece una modificación: el promedio vuelve a subir hasta aproximadamente 245 milímetros anuales.
Por lo tanto, no sería correcto afirmar que cada década llueve más en Comodoro. Los datos disponibles muestran prácticamente lo contrario durante buena parte del período comprendido entre 1979 y 2018, seguido por un repunte durante los últimos años.
¿Por qué entonces sentimos que llueve más?
Una posible explicación aparece cuando se diferencia cuánto llueve en todo un año de cómo cae esa lluvia. Comodoro tiene un régimen de precipitaciones relativamente bajo. Distintos registros históricos ubican el promedio anual en el orden de los 240 a 260 milímetros. Pero ese promedio puede esconder eventos extraordinarios.
El mismo estudio advierte que las precipitaciones de la región son escasas y localizadas, pero pueden presentarse episodios de gran intensidad capaces de concentrar una porción muy importante de la lluvia anual en pocos días. Y ningún comodorense necesita demasiadas explicaciones para entender lo que eso significa. Para esta primavera, de hecho, los especialistas anticipan más lluvias y temperaturas por encima de lo normal por el fenómeno de El Niño.
La tormenta de marzo y abril de 2017 modificó para siempre la percepción local de la lluvia. Durante aquel año se acumularon alrededor de 450 milímetros y buena parte cayó durante la catástrofe que transformó la geografía de numerosos barrios y que dejó una única víctima fatal. Años más tarde, ADNSUR repasó qué obras se ejecutaron después del temporal y cuáles faltan para evitar inundaciones.
Por eso pueden convivir dos realidades: que no exista un aumento sostenido de la precipitación media por década y que determinados eventos de lluvia tengan un enorme peso en la memoria colectiva.
¿“Viento era el de antes”?
El otro gran protagonista de cualquier conversación sobre el clima comodorense es, inevitablemente, el viento. Y acá nuevamente la frase popular encuentra cierto respaldo. Según datos aportados por Walter Maza, durante el período 1981-2010 la velocidad media del viento en Comodoro fue de aproximadamente 22 kilómetros por hora.
Entre 2011 y 2020, ese promedio descendió hasta alrededor de 20 kilómetros por hora. Dos kilómetros por hora pueden parecer poco cuando se piensa en una ciudad acostumbrada a alertas por ráfagas superiores a 100 kilómetros por hora. Pero al tratarse de promedios calculados sobre períodos extensos, la diferencia resulta significativa. Hay que entender que esos 20 km/h son un promedio, compuesto por días de nulo viento y otros de ráfagas salvajes.
Sin embargo, hay que hacer una distinción importante: que haya disminuido la velocidad media no significa necesariamente que hayan desaparecido los días de viento fuerte.
De acuerdo con Maza, durante los últimos 30 años la cantidad de jornadas con vientos superiores a los 70 kilómetros por hora se mantuvo relativamente similar, con algunas excepciones.
Una de ellas fue 2013, cuando se contabilizaron alrededor de diez días más con viento fuerte. Es decir: el viento promedio puede haber disminuido, pero Comodoro continúa teniendo episodios de enorme intensidad.
El récord que sigue perteneciendo a 1968
Los temporales recientes también demuestran que el viento extremo está lejos de desaparecer. Entre los episodios más importantes de las últimas dos décadas aparecen ráfagas de alrededor de 190 kilómetros por hora en julio de 2007, 159,3 kilómetros por hora en agosto de ese mismo año y 153,7 kilómetros por hora en julio de 2025, según los datos aportados por Maza.
Pero ninguno logra desplazar de la memoria al histórico 11 de diciembre de 1968. Las crónicas periodísticas de aquella jornada hablan de ráfagas cercanas a los 240 kilómetros por hora, con enormes destrozos en distintos puntos de la ciudad. Los registros históricos de ADNSUR recuperaron aquel episodio como el temporal de viento más fuerte que recuerda Comodoro, con un avión arrastrado, vuelcos y techos volando.
Incluso existe una particularidad en torno al récord: registros oficiales citados posteriormente por especialistas hablan de una ráfaga de 200 kilómetros por hora que rompió el instrumento de medición, mientras que las crónicas de los diarios de la época estimaron velocidades cercanas a los 240. ADNSUR reconstruyó el día en que el viento arrasó con camiones y casas y también los testimonios de los damnificados.
“A veces directamente te tiraba”
Juan Carlos llegó a Comodoro en 1979 y desde hace décadas es comerciante en la zona de la Loma. Cuando recuerda sus primeros años en la ciudad, también tiene la sensación de que el clima era diferente. “Realmente en aquella época se sentía muchísimo el frío, el viento. Es cierto que uno venía desacostumbrado a un clima así también, y que el tiempo hace que todos esos recuerdos a veces sean un poco exagerados”, reconoce. Pero hay algo que permanece particularmente presente en su memoria.
“El viento era tremendo. A veces directamente te tiraba y volaba muchísima tierra”, cuenta. Aunque agrega una variable que también ayuda a explicar por qué la experiencia urbana era diferente. “Había menos calles con asfalto, muchas calles de tierra. Eso lo hacía peor”. Es un detalle importante: no solamente cambia el clima, también cambia la ciudad en la que experimentamos ese clima.
Más pavimento, nuevos barrios, construcciones, árboles, modificaciones en la circulación urbana y hasta cambios en la manera en que las personas se trasladan pueden alterar la percepción cotidiana del frío, el viento y la lluvia.
María Elena llega a una conclusión parecida cuando recuerda aquellas jornadas en las que salir de casa parecía imposible. “Los días de viento ni te cuento, imposible salir. Ahora también se siente, pero no sé si es la costumbre o qué, parece menos que antes”.
Entonces, ¿los abuelos tenían razón?
Los números permiten responder con algunos matices. Comodoro es más cálido que hace varias décadas. El viento promedio perdió algo de intensidad. La lluvia no aumentó de manera lineal, aunque algunos eventos extraordinarios cambiaron para siempre nuestra relación con ella.
Y después está la memoria. La de quienes recuerdan salir con las manos congeladas, caminar inclinados contra el viento o despertarse con la ciudad cubierta de nieve. Porque los registros meteorológicos pueden decir cuánto cambió el clima. Pero la forma en que cada generación recuerda haberlo vivido es otra historia.
