A más de un año de su fallecimiento, la tumba de Jorge Bergoglio en la Basílica de Santa María la Mayor se ha convertido en un punto de peregrinación. La elección del lugar rompió con siglos de tradición vaticana.
En el Día del Papa, las miradas del mundo católico vuelven a posarse sobre el legado de Jorge Bergoglio. Lejos de las grutas del Vaticano, el papa argentino descansa en la Basílica de Santa María la Mayor, el santuario romano que visitaba para rezar de manera silenciosa.
A poco más de un año de su fallecimiento en abril de 2025, el lugar se consolidó como un punto de peregrinación para los creyentes que llegan a Roma.
La elección de esta basílica no fue un detalle azaroso. Francisco rompió con una tradición ininterrumpida de siglos al pedir ser enterrado fuera de la Basílica de San Pedro y eligió descansar cerca del ícono de la patrona de Roma, la Virgen Salus Populi Romani, a quien siempre le encomendó sus viajes apostólicos.
Tiempo antes de su partida, el pontífice relató que mientras caminaba por el templo observó un cuarto que antiguamente se utilizaba para guardar candelabros, ubicado justo detrás de una escultura mariana. «Lo vi y pensé que ese era el lugar», confesó sobre el instante en que definió su morada final.
La decisión del pontífice de descansar en este templo marca un quiebre en la tradición vaticana. Para encontrar un antecedente similar hay que remontarse a más de un siglo atrás, cuando León XIII eligió en 1903 ser sepultado en la Basílica de San Juan de Letrán.
El diseño de la sepultura destaca por su sencillez. Quienes se acercan al lugar se encuentran con una placa de mármol blanco de Liguria, una elección pensada para honrar la tierra de sus antepasados italianos. Sobre la piedra solo resalta una inscripción con la palabra latina «Franciscus», acompañada en la pared frontal por una reproducción en plata de su cruz pectoral con la figura del Buen Pastor.
Esta escena contrasta con la ornamentación que domina el resto de la basílica, donde abundan los mármoles policromados, los mosaicos dorados y el estilo barroco.
La tumba se encuentra en uno de los pasillos laterales de la basílica. Mónica, una argentina que acababa de llegar a Roma, sostenía su teléfono para filmar la placa y compartir ese recuerdo con su familia. «Vine a Roma exclusivamente para conocer la tumba de Francisco. Es una locura poder estar acá», sostuvo mientras observaba las ofrendas apiladas.
Para quienes planean visitar el lugar, el sepulcro está situado en la nave lateral izquierda del templo, entre la Capilla Paulina y la Capilla Sforza, a pocos pasos del altar dedicado a San Francisco de Asís. La parada de metro más cercana es Vittorio Emanuele (línea A), a menos de cinco cuadras del ingreso principal. También se puede caminar desde la estación central de Termini, un trayecto de poco más de diez minutos por Via Cavour.
El lugar abre todos los días de 7 a 19 horas. El ingreso al sector donde descansan los restos papales es gratuito. Se recomienda asistir a primera hora de la mañana para lograr un momento de oración más íntimo.
En las horas pico suelen registrarse largas colas. La entrada requiere pasar por un dispositivo de seguridad con escáneres similares a los de los aeropuertos. Queda prohibido entrar con valijas o mochilas de gran tamaño, y se exige respetar un código de vestimenta que obliga a cubrir los hombros y las rodillas.
