El desarrollo de la cuenca no depende únicamente de pozos, ductos e inversiones petroleras. La llegada de trabajadores, empresas y familias empuja una nueva demanda de vivienda, servicios y soluciones pensadas para la operación diaria.
Vaca Muerta suele aparecer en la agenda pública asociada al petróleo, el gas y las grandes inversiones. Sin embargo, su verdadero impacto se entiende mejor cuando se mira lo que ocurre alrededor de la operación: trabajo, transporte, alojamiento, servicios, infraestructura y nuevas familias que llegan todos los días a Neuquén.
La formación tiene una escala difícil de dimensionar. Abarca unos 33.000 kilómetros cuadrados y se extiende sobre cuatro provincias, con Añelo como principal núcleo logístico. En ese territorio, cada pozo requiere una organización intensiva y de corto plazo: puede movilizar alrededor de 250 puestos de trabajo durante dos meses de perforación y demandar inversiones que rondan los US$ 8 millones por pozo.
Ese movimiento explica por qué el crecimiento de Vaca Muerta ya no se analiza solamente desde el subsuelo. Para que el ciclo de inversiones se sostenga, son claves los gasoductos, oleoductos y obras de evacuación, pero también todo lo que permite que la actividad funcione en superficie: rutas, servicios, viviendas, alojamiento corporativo y proveedores locales.
Actualmente existen más de 830 pymes neuquinas certificadas como proveedoras de la industria energética, registradas dentro del sistema provincial vinculado al desarrollo hidrocarburífero. Allí conviven rubros como metalmecánica industrial, transporte y logística petrolera, mantenimiento de equipos, ingeniería, servicios técnicos, construcción, catering y alojamiento corporativo.
Durante una entrevista en Noticiero Inmobiliario, Damián Lopo, CEO de NLK Capital, e Ignacio Lago, director de Operaciones, explicaron que decenas de familias se mudan por día hacia Neuquén, una dinámica que se consolidó en los últimos años. En ese contexto, la demanda habitacional necesaria para acompañar el crecimiento podría equivaler a miles de unidades por año.
Uno de los cambios más importantes es que la vivienda dejó de ser un tema secundario. En la cuenca, alojar trabajadores no significa simplemente sumar camas o departamentos. La demanda está directamente conectada con turnos laborales, traslados, rotación de personal, seguridad, conectividad y necesidades corporativas.
“Cuando se habla de Vaca Muerta, es importante entender la escala territorial y operativa”, explicó Lago, al describir la cuenca como una zona extensa donde Añelo ocupa un lugar central. En ese marco, remarcó que cada pozo moviliza equipos, capital y proveedores en plazos muy acotados, por lo que la infraestructura energética y habitacional se vuelve decisiva.
El perfil del usuario también cambió. “El usuario es corporativo”, señalaron durante la entrevista. Eso modifica la lógica del mercado: para muchas empresas, contar con alojamiento cerca de los puntos de trabajo permite reducir horas de traslado, mejorar la previsibilidad y ordenar la operación.
Por eso, el housing corporativo en Vaca Muerta se parece cada vez menos a un alquiler tradicional y más a una infraestructura operada. No alcanza con construir metros cuadrados: hace falta gestionar mantenimiento, limpieza, seguridad, ingresos y egresos, servicios, conectividad y coordinación con las necesidades concretas de la industria.
La demanda, además, no es uniforme. En la región conviven operarios que necesitan cercanía a los yacimientos, supervisores con rotación frecuente, ejecutivos que pueden preferir Neuquén capital y familias que deciden instalarse de forma permanente en la provincia. Esa diversidad empuja al mercado a diferenciar productos: camas operativas, departamentos corporativos, viviendas familiares y modelos de renta gestionada.
Lopo resumió esa complejidad con una definición concreta: “Todo el mundo habla de Vaca Muerta y de Neuquén, pero si le preguntás a una persona cómo hace para invertir ahí, no tiene ni idea. Es complejo: no es un alquiler tradicional, no es una construcción tradicional”.
Esa frase marca una de las claves del momento. Vaca Muerta genera oportunidades, pero también exige conocimiento específico, planificación y estructuras profesionales. La demanda existe, pero para responder a ella se necesita entender cómo funciona la industria, cuáles son sus tiempos y qué tipo de soluciones requiere.
El impacto de Vaca Muerta también se refleja en el mercado inmobiliario. Neuquén aparece como una de las plazas más dinámicas del país, en un contexto donde el sector atraviesa una transición marcada por la baja de la inflación, la reaparición del crédito y la suba de los costos de construcción.
Según Lopo, esa combinación está reordenando la ecuación de precios y concentrando la actividad en zonas donde la demanda tiene mayor capacidad de convalidar valores. En ese escenario aparecen, por un lado, los segmentos premium de Buenos Aires y, por otro, los productos de alto rendimiento vinculados a la cuenca neuquina.
Lago agregó otro dato clave: la recomposición salarial en dólares y el regreso del crédito hipotecario pueden ampliar la demanda, pero también presionan sobre el costo de las obras. Según explicó, la incidencia de la mano de obra, que en 2023 podía ubicarse en torno al 17% del costo por metro cuadrado, hoy llega al 50% en muchos casos.
Esa tensión no necesariamente frena al mercado, pero lo vuelve más exigente. Se construye donde hay una demanda concreta, donde la operación agrega valor y donde el producto responde a una necesidad real. En Neuquén, esa necesidad aparece con fuerza por el crecimiento energético, la llegada de trabajadores y la demanda de servicios asociados.
El futuro del segmento dependerá de la capacidad para profesionalizar la oferta. Eso implica diseñar unidades adecuadas al uso real, sostener estándares de servicio, administrar costos, ofrecer previsibilidad contractual y generar información clara tanto para inversores como para empresas usuarias.
Durante años se habló de Vaca Muerta como “el futuro” del país. Según Lopo, la diferencia es que ahora los compromisos de inversión y las obras de infraestructura energética empiezan a darle otra materialidad. “Los compromisos de inversión que se están viendo ahora no se vieron nunca”, afirmó.
En ese marco, Lago mencionó que desde NLK Capital cuentan con proyectos orientados a la demanda corporativa de Vaca Muerta, como Bit Añelo de Rental Corpe, un modelo impulsado por Techfinance que propone una inversión por cama para atomizar los valores de ingreso y responder a las dinámicas propias de la región.
