El 28 de agosto se producirá un eclipse lunar parcial en el que el 96% de la Luna quedará dentro de la sombra de la Tierra. El fenómeno será visible desde la Patagonia, sujeto a las condiciones meteorológicas.
El próximo 28 de agosto se producirá un eclipse lunar parcial en el que cerca del 96% de la superficie lunar quedará dentro de la sombra proyectada por la Tierra. El fenómeno, conocido como Luna de Sangre, podrá observarse a simple vista desde la Patagonia, siempre que las condiciones meteorológicas lo permitan.
Cronograma del eclipse
El eclipse comenzará en la noche del jueves 27 de agosto y se extenderá hasta la madrugada del viernes 28. Las etapas del fenómeno son las siguientes:
- Fase penumbral: comienza a las 22:24 del jueves 27.
- Fase parcial: inicia a las 23:34.
- Máximo del eclipse: aproximadamente a la 1:13 del viernes 28.
- Fin del eclipse: alrededor de las 4:02.
El momento de mayor cobertura será el más adecuado para la observación y la fotografía del evento.
Condiciones de observación
Para la observación del eclipse no se requiere protección especial. A diferencia de los eclipses solares, mirar directamente la Luna durante un eclipse lunar no presenta riesgo para la vista. Se recomienda buscar lugares con horizonte despejado y alejados de las luces urbanas para apreciar mejor los cambios de tonalidad.
El uso de binoculares o telescopios permitirá observar con mayor detalle la superficie lunar y el avance de la sombra terrestre. Para fotografía, se sugiere el uso de trípode o soporte estable.
La visibilidad del fenómeno en Chubut, Santa Cruz y Tierra del Fuego dependerá del estado del tiempo. La presencia de nubosidad, lluvias, nieve o baja visibilidad podría impedir la observación. Se recomienda consultar el pronóstico local antes de la madrugada del viernes.
Explicación del color rojizo
Durante un eclipse lunar, la Tierra se interpone entre el Sol y la Luna, bloqueando la luz solar directa. Una pequeña porción de luz atraviesa la atmósfera terrestre y alcanza la superficie lunar. La atmósfera dispersa las longitudes de onda azules con mayor facilidad que las rojizas, por lo que la Luna adquiere tonalidades rojas, naranjas o cobrizas durante el evento.
